El cabello puede debilitarse por muchos factores: el uso frecuente de herramientas de calor, los tintes, la exposición solar, el cloro, la contaminación, los cambios hormonales o incluso una rutina capilar poco adecuada. Por eso, incorporar acondicionadores y mascarillas de parafarmacia permite reforzar el cuidado diario y aportar al cabello los activos que necesita.
El acondicionador actúa principalmente después del champú, ayudando a desenredar, suavizar y mejorar la peinabilidad. Es perfecto para el uso frecuente, especialmente en cabellos secos, encrespados, teñidos o difíciles de manejar.
La mascarilla, en cambio, ofrece un tratamiento más intensivo. Su función es aportar una acción reparadora, nutritiva o hidratante más profunda, por lo que suele utilizarse una o varias veces por semana, dependiendo del estado del cabello.